

Se escucha con la presencia (estar en presencia de…). El aspecto encarnado de la presencia es la conciencia del propio interior y del exterior que lo rodea. La presencia se puede enseñar/aprender a través del estado mental, de permanecer en la propia quietud interior y de mantenerse en los propios fulcros. La conciencia se entiende como el ser consciente de la propia corporeidad, del espacio, de la relación y del crear un espacio en la relación.
Ser capaz de recibir lo que llega de la escucha: una práctica que se realiza con las manos, que están conectadas a la mente, al corazón y al tiempo. Escucho el latido, los ritmos, la consistencia y cómo se expresa la salud en el cuerpo. La salud está siempre presente, incluso en el mayor malestar mientras haya vida (cuando ya no hay vida, esta expira).
La salud está ligada a aquella dimensión de formación embrionaria en la que, en una plenitud de salud y recursos, hemos sido creados.
Al embrión, en biodinámica, se le atribuye una dimensión global. Derivamos de una única célula que luego se multiplica. Atribuimos a las fuerzas biomorfológicas, que modifican esta célula, la potencia de la creación del individuo. Estas fuerzas existen siempre durante la vida, una continua actividad embrionaria dentro de nosotros.
Escuchamos la salud como el emerger de la originalidad del individuo. Yo soy original y único y quiero expresar esta mi originalidad, mi salud.
Como operador de craneosacral trabajo para la salud; en el momento en que las manos contactan el cuerpo estamos contactando ese proceso de fuerzas extraordinarias que, desde embrión, han formado al individuo actual. La cualidad interior de la salud es la quietud (estado corporal perceptible). La dimensión de la quietud es nuestra dimensión de recurso fundamental: desde un punto de vista de la fisiología y del sentir, en la dimensión de la quietud podemos afrontar todas las dinámicas desequilibradas. Es fundamental para el operador estar en su propia dimensión de quietud, para ofrecer un espacio de quietud al otro. La biodinámica craneosacral no es una terapia ligada al malestar-trastorno-enfermedad, sino que está ligada a la salud fundamental.
No se ocupa del síntoma sino de la totalidad: la experiencia subjetiva de sentir la propia totalidad/recurso embrionario, la propia quietud, no es “definible”, cuantificable; la historia de un individuo comienza en la concepción.
Doy espacio al recurso que está detrás de la posibilidad de resolver un problema. Acojo el síntoma, pero a la persona debo preguntarle dónde se siente bien en su cuerpo. El trabajo parte de donde la persona siente que puede haber un potencial. No se trabaja sobre el síntoma.
Se trabaja sobre la totalidad; si interpreto el malestar como una fragmentación, la recuperación de la totalidad es lo que aspiro a hacer.
La quietud es el fondo de la percepción del operador, mientras que la Respiración Primaria está en primer plano. A lo largo de una sesión biodinámica, el fondo y el primer plano se invierten con cierta regularidad, hasta que la quietud prevalece. En ese punto el operador se sumerge en la quietud tanto como sea posible. Se llama “detenerse en el vacío”. Con el detenerse en el vacío se puede llegar a niveles muy profundos de sanación. (Del libro de Michael Shea: Terapia Craneosacral Biodinámica).
El corazón del enfoque craneosacral biodinámico es precisamente la capacidad del operador de “estar presente” momento a momento, escuchar y acoger al recién nacido tal como es, en su totalidad, durante toda la duración del proceso, permaneciendo en contacto con la quietud y con las fuerzas originarias que crean y mantienen la salud. (Ray Castellino)
